jueves, 13 de junio de 2013





¿Para qué contar poemas? O el  Hipocampo



No tengo ambiciones ni deseos.

Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.

**Heterónimo Alberto Caeiro



El haiku  cura.
 Óleo que vos  cociste,
Juntando yuyos,
Saliva y aceites
No recetados,
Apareciera soplo.

Desprendió de la hiedra a un caballo de mar
Que creyó que todo era agua
Porque lo vio azul.
Y en él se sumergió entonces
Atravesando  matorrales.
Yo lo seguía, no quise asustarlo.
No creo que  estuviese huyendo
de mí, ni de nada.

Cuando cayó al pasto: no me dí cuenta,
Yo iba tan rápido que seguí unos cuantos metros más.
Me paré a su lado esperando que siguiera su aleteo...
Ahora reposaba.
Acerqué mi dedo y con una fuerza de otro mundo,
él me sujeto,  levantó vuelo y me llevó de paseo.

Ví montones de ventanas,
Y puertas abiertas,
Niños saludando  mientras jugaban a la mancha.
Subidos a unas ranas
Octavio y Tupac me decían  cosas importantes.
Pero distintas o me pareció.
Los soles de noche y  veladores
Que la gente prendía,
Apuntaban  al cielo señalando las constelaciones.

Y cerré los ojos,
Era la misma
Envuelta en novedades ancestrales
Repetí:
De no estar tú
demasiado grande
sería el bosque(*)


(*) Kobayashi Issa

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