lunes, 29 de julio de 2013


¿Qué tanto, de la conspiración de las plantas, es real?

La trampa infante del enamoramiento,
No nos deja ver con claridad.
La trampa del enamoramiento, 
No es el amor.
Voy dando saltos, 
porque la hierba crecida,
lastima sino la planta de los pies.
Así sólo pincha superflua.

Llego a donde la tierra es más blanda,
sin ser barro, refresca las lastimaduras.
Ya no existo en el tiempo,
y soy parte del silencio nocturno del bosque.

Las ramas de los árboles hacen dibujos sutiles,
como si se albergara en ellos a bailarines, 
embrujados, congelados en pasos de danzas nativas,
Las ramas son piernas y brazos.

Cae un árbol detrás de la iglú donde duermo,
¡Cae un árbol detrás mio!
Me despierto y me asomo.
Pienso: fue muy cerca.
Salgo, desayuno mate cocido con pan y membrillo,
En cuclillas sobre aquel caído.
¿Vas a dormir acá, entregada a la naturaleza?
Hay un niño del bosque, voy a buscarlo.
Lo encuentro dibujando,
Propone acompañarme.
Es más fácil sin miedo.
Se suma un perro negro, huesudo, ágil
Y otro grande, castaño
Al que el niño llama Oso.
Caminamos sin pretensión de ser.
Nos vemos en los ojos abiertos.





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