domingo, 17 de agosto de 2014

Cáliz iluminado el rostro
de quien no busca más,
se llena del perpetuo sonido
de su magister agua de mar.


En la animosa armonía con la que el viento invita a moverme con él, la magia envuelve.

El  mar está despierto,  con fortaleza intrínseca  se mueve; llega la espuma a los médanos que costean el camino por donde pasa el omnibus, 
_En la radio dijeron que las olas están llegando a cuatro metros.
_Pareciese que fuésemos navegando.

El cielo ligeramente gris, y claro el panorama que vuelve a las voluntades de roble, que rezan, que protegen y me alejan y ausentan del diálogo. Tanta Verdad pero no en la conversación, en la anécdota, en la enunciación de certezas. Sí, desde el sonido de las aguas Mansa y Brava que rodean y nos atraviesan e impulsan a continuar por este camino estrecho.

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